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ORGANIZACIÓN Y GESTIÓN DE CENTROS EDUCATIVOS

ORG Y GEST DE CENTROS EDUCATIVOS

28 Mayo 2007

6 DE MARZO DE 2007

LA MICROPOLÍTICA: UN SENTIMIENTO

Si nos acercamos a un centro educativo y observamos lo que sucede en cualquier

momento, como por ejemplo en el descanso de la mañana o a la entrada de las clases, nos

podremos dar cuenta de que los profesores suelen estar hablando del problema de este

alumno o aquel padre, la dificultad para llevar a cabo algún proyecto, la diferente

perspectiva ante un enfoque educativo..., en suma se explicitan los conflictos, los

intereses grupales e individuales, la distribución del poder, la ambigüedad de sus metas....

. Sería el “retrato” de lo que sucede en un centro. Por lo tanto, para comprenderlo se

trataría de analizar, comprender, desentrañar esos intereses, esas ambigüedades, esas

relaciones de poder para acercarnos a la realidad de una organización educativa, para

poder comprenderla realmente. Sin embargo, estamos acostumbrados a ver en la mayoría

de las publicaciones un enfoque racional o sistémico, en el que la estructura de la

organización está totalmente desligada de las personas que la componen o se concreta en

una relación más o menos ordenada de órganos, documentos, recursos o competencias.

Así pues, podemos acercarnos de diferentes maneras para comprender las

organizaciones, en este caso los centros educativos, pero detrás siempre hay un modo de

entender el mundo, una manera de comprender la realidad que nos rodea. Si entendemos

que las personas no pueden desligarse de ningún modo de la estructura en la que están,

ya que son ellas mismas las que dan sentido a esa estructura, si pensamos que las

diferentes situaciones y procesos que se producen en un centro son imprevisibles,

complejos y condicionados por variables como los intereses individuales y grupales o las

relaciones de poder, entonces nos acercamos a una perspectiva micropolítica. Se podría

afirmar que este modo de entender la realidad organizativa es un sentimiento, es una

vivencia que se debe sentir y que representa un modo de acercarnos a la comprensión de

todo lo que sucede en un centro educativo, de ahí el título del artículo. Parte de un

convencimiento y de una interiorización de que una realidad educativa es irrepetible en su

espacio y en su momento. De esta perspectiva vamos a hablar en este artículo,

contextualizándola en las teorías de la organización, especificando su concepto y su

sentido, y recorriendo las principales aportaciones.

La perspectiva micropolítica como modelo político

Como podemos ver en el cuadro I la perspectiva micropolítica se dirige hacia los

aspectos políticos de la organización, bebiendo de los planteamientos sociocríticos. Creo

que el camino para explicar la perspectiva micropolítica no puede basarse en la crítica de

las demás, ya que una teoría no cobra fuerza por sus críticas a otras teorías, o sea en su

exclusión de las demás, sino por su análisis de la realidad y por estructurar un “corpus

coherente y serio acerca de las organizaciones educativas. Pasemos a ello.

El estudio de las instituciones educativas en clave política cuenta ya con una

considerable tradición, especialmente en el contexto anglosajón, resaltando la

investigación de Baldridge (1971; en Bush, 1989: 57-65) sobre los procesos políticos

propios de la vida departamental en la Universidad de Nueva York, como una de las

pioneras. En éste y en los restantes niveles de enseñanza, el enfoque político ha dado

lugar a un nutrido corpus de investigación, ciertamente diversificado en sus objetos de

estudio y en la dimensión metodológica, que viene a sentar las bases de lo que pretende

ser una teoría política de la escuela, que se integra como plataforma paradigmática en la

Organización Escolar.

2 CUADRO I: PARADIGMAS Y TEORÍAS DE LA ORGANIZACIÓN

Micropolítica / Macropolítica

Este análisis político de las escuelas se ha practicado analizando su vida interna, la

política de puertas hacia adentro, es decir, la llamada micropolítica de los centros

escolares (Malen, 1994), dejando en un segundo plano, aunque no olvidando, el referente

sociopolítico representado por las esferas comunitaria-local, de distrito, regional,

estatal,... o bien, la denominada macropolítica, que significativamente había sido el nivel

de análisis por excelencia de la política educativa hasta la mitad de la década de los 70, en

el influyente ámbito estadounidense (Blase, 1991: 2).

No obstante, existe una renovada y creciente atención de los investigadores a lo

macro, reconociéndole así el potencial explicativo que sin duda tiene para comprender a

fondo la micropolítica escolar (Blase, 1991: 237-238; Willower, 1991: 451) e incluso

habiéndose reclamado abiertamente la integración de ambas dimensiones del análisis

político (Bacharach y Mundell, 1993). Los postulados de la obra de estos autores están

bien presentes en una de las primeras y más divulgadas definiciones del concepto de

micropolítica, formulada por Hoyle (1986), que entendía como micropolítica ese lado

oscuro de la vida organizativa, las estrategias mediante las cuales los individuos y los

grupos en contextos organizativos tratan de utilizar sus recursos de autoridad e

influencia para promover sus intereses.

Jo y Joseph Blase (2002) insisten en la idea de que la mayoría de las perspectivas

en micropolítica reconocen la importancia del nivel macro y su influencia en las escuelas

y en sus procesos internos, y para ello hace referencia a los autores más relevantes en esta

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perpectiva como Bacharad y Mundell, Ball, Blase o Innacone. Me parece muy interesante

su matización al entender, junto a Bacharad y Mundell, que el análisis micropolítico no se

ciñe exclusivamente a un nivel específico de la organización, sino que puede ocurrir en

cualquier nivel de la organización, superando la propuesta de Innaccone que lo ceñía a un

nivel concreto de la organización. Como dicen Bacharad y Mundell (1993), la

micropolítica no se debe definer por su contexto, sino por su naturaleza. La micropolítica

se define por sus propias características de análisis, produciéndose esencialmente en las

relaciones entre los diferentes grupos e individuos, que lógicamente se pueden producir

en cualquier nivel de la organización.

Así pues, el análisis micropolítico va a poner el acento en la dimensión política de

la escuela o de aquel nivel de la organización al que nos refiramos en un momento

determinado, en donde aspectos como el poder, la formación de coaliciones, la toma de

decisiones, el conflicto y la negociación, serán los que determinen su análisis. Como nos

dice Stephen Ball (1989) habrá que considerar a nuestras escuelas como “campos de

lucha”, en los que los conflictos habrá que verlos como algo natural y no como una

patología que haya que evitar o desechar. En otras palabras, desde este enfoque ha

cobrado fuerza la denominación de las organizaciones escolares como “arena política

con unas reglas del juego complejas y diversas, que Bolman y Deal concretaron en cinco

propuestas: La mayoría de las decisiones importantes en las organizaciones conlleva

distribución de recursos escasos. Las organizaciones son coaliciones compuestas de

individuos y de grupos de intereses. Tanto los individuos como los grupos de intereses

difieren en sus valoraciones, preferencias, creencias, informaciones y percepciones de la

realidad. Recuerdo las características de la escuela indicadas anteriormente. Las

decisiones que se toman en las organizaciones emergen de procesos de negociación,

pactos y luchas. Tanto el poder como el conflicto son características centrales en la vida

de cualquier organización, ya que los recursos son escasos y las diferencias lógicas.

Pero hagamos un breve recorrido por autores que han representado el inicio y

fortalecimiento de este enfoque en el ámbito de las organizaciones escolares, a través de

los cuáles apreciaremos las aportaciones más importantes a este enfoque y la concreción

de su concepto.

Desde L. Iannacone hasta Stephen Ball

Autores como Hoyle (1986) y Ball (1989) en Gran Bretaña, Blase (1991),

Iannaconne (1991), Marshall y Scribner (1991), Willower (1991), Bacharad y Mundell

(1993) o Malen (1995) en Estados Unidos, o Townsend (1990) con su conocido debate

con S. Ball en Canadá, han sido algunos de los principales defensores y difusores de la

teoría micropolítica. En España podemos referirnos a autores como M.A. Santos Guerra

(1994), T. González (1998, 2003), T. Bardisa (1997) o X. Jares (1996) como algunos de

los que han publicado interesantes artículos en o con este enfoque.

Podemos empezar citando al estodounidense Iannaccone quien acuñó la expresión

micropolítica de la educación en una obra publicada en 1975 bajo el sugerente título

Education policy systems: A study guide for educational administrators, después de

analizar las interacciones entre administradores, profesores y estudiantes en las escuelas

de California a principios de los años 70. Otros dos reconocidos teóricos estadounidenses,

Marshall y Scribner (1991), destacan la inicial aportación de Iannaccone al establecer

como su objeto de estudio la política que tiene lugar dentro y alrededor de las escuelas,

además de su atención a los conflictos acerca de la autoridad de los profesionales

expertos, la autonomía de los profesores, la elección de los padres y los estudiantes,...

todos ellos problemas pendientes y crónicos, reconociendo que su análisis debe plantearse

en torno a tres términos clave: “Relaciones de poder, conflicto y procesos políticos”

(1991, 349), por considerar que son los conceptos básicos en toda tesitura política tanto si

es macro como micro. Vemos que de forma continuada surgen conceptos ya clásicos en

este enfoque como conflicto, poder, coaliciones, presiones políticas, etc..., en suma queda

plasmada la consideración de la escuela como construcción social, que, como afirma

acertadamente el profesor Soler (1999), tiene en el discurso del poder su hilo de Ariadna,

hilado con las hebras de los procesos políticos micro y macro.

Otra de las aportaciones iniciales dignas de resaltar es la de Hoyle (1986) que

incide en el “lado oscuro de la organización” como todo aquello que Ball comenta que no

sabemos y que es lo que realmente es determinante en su funcionamiento. Cuando

hablamos de camarillas, chismorreos, intereses ocultos,... nos referimos al lado oscuro e

informal de la vida organizativa. Para entender esas organizaciones Hoyle nos dice que

nos deberíamos fijar en ese “lado oscuro” más que en las estructuras formales de poder.

Podemos recordar a modo de curiosidad cómo una de las primeras publicaciones con este

enfoque en nuestro país recogió este título “El lado oculto de la Organización Escolar”.

Por otra parte, Bacharad y Lawler (1993) destacaron unos ámbitos considerados

clásicos en esta perspectiva como son el papel del diálogo, el debate y la formación de

coaliciones. Es muy interesante su percepción del concepto de poder (Bacharad y Lawler,

1980), pero una de sus aportaciones más importantes ha sido su consideración de “lógicas

de acción” como aquellos intereses que entran en juego en la dinámica de cualquier

organización.

Siguiendo con este recorrido, y desde una perspectiva sociológica, podemos

destacar también a Willower (1991) que intenta trabajar sobre todo el contexto para

explorar esos temas ya clásicos del enfoque micropolítico, como el poder, control,

ideologías, intereses, conflicto, coaliciones y negociación, proponiendo en tal sentido que

se parta de los intereses del profesorado en tres facetas determinadas: la autonomía, el

orden y el tiempo. Malen (1995) en su revisión sobre el estado de la micropolítica insiste

en el debate acerca de la política en su ámbito macro y micro, afirmando que es una

cuestión aún sin resolver. Destaca que la micropolítica se ha preocupado especialmente de

lo que ocurre dentro de las organizaciones, dejando un poco de lado la interaccción de las

organizaciones con su contexto (Mawhinney, 1999), siendo que el impacto de los factores

externos a la escuela tienen una influencia determinante en lo que pasa en ellas.

No podemos dejar de mencionar a un autor que es considerado uno de los

investigadores más importantes en este campo, como es Blase (1991). Su breve pero bien

documentada revisión sobre los modelos políticos de las organizaciones y, en especial, de

la que denomina perspectiva micropolítica en educación, desemboca en una definición

operativa formulada del siguiente modo: “La micropolítica se refiere al uso del poder

formal e informal tanto por los individuos como por los grupos patra conseguir sus

propios objetivos y finalidades en una organización” (Blase, 1991: 11).

Llegamos, finalmente, en este breve recorrido por algunos autores que nos ofrecen

una perspectiva concreta y clara del enfoque micropolítico, a Stephen Ball, al que

destaco como el autor que con su obra “la micropolítica de la escuela” influyó más en el

ámbito científico español. El propio Everhart (1991: 455), comenta que el enfoque de Ball

sobre la micropolítica de la escuela es quizá la explicación más claramente desarrollada

de este concepto. Yo mismo debo afirmar que soy deudor del tiempo que he trabajado con

Stephen Ball y de nuestras largas conversaciones.

Pero volvamos al análisis del enfoque. Ball (1989) señala que el futuro del análisis

organizativo de las escuelas está en el ámbito de lo que no sabemos sobre ellas. Su visión

de la escuela resalta, básicamente, la naturaleza conflictiva de la misma: "Considero las

escuelas, al igual que prácticamente todas las otras organizaciones sociales, “campos de

lucha”, divididas por conflictos en curso o potenciales entre sus miembros, pobremente

coordinadas e ideológicamente diversas. Juzgo esencial, si queremos comprender la

naturaleza de las escuelas como organizaciones, lograr una comprensión de tales

conflictos" (Ball, 1989: 35).

5 Presupuestos del enfoque micropolítico

Una vez llegados a Stephen Ball, paso a desbrozar lo que serían los presupuestos

del enfoque micropolítico, partiendo de los propios planteamientos del autor que van a

servir de referencia para su desarrollo. Por ello, concretaré en cuatro los presupuestos que

nos sirven para comprender, analizar y describir nuestras organizaciones educativas: la

diversidad de intereses, el modo de control, la diversidad ideológica, y los conflictos y

el poder. Estos serían los cuatro referentes claves para analizar nuestros centros y tratar

en comprenderlos. El dividir la realidad en cuatro ámbitos no quiere decir que funcionen

de forma independiente, es más, es imposible señalar la frontera entre uno y otro, y la

interrelación entre ellos es total. No se podría entender uno sin analizar los demás. Un

ejemplo lo tenemos en la investigación (Bernal, 1997) que llevé a cabo sobre los equipos

directivos en los centros públicos, en la que quedó claro que ninguna variable de análisis

que iba surgiendo se podía comprender sin tener en cuenta todas las demás y su propio

contexto.

Entremos, pues, en el análisis de cada uno de estos cuatro presupuestos.

a) Modo de control: las reglas del juego

La estructura organizativa de un centro no es la concreción de un modelo neutro y

racional, sino el resultado de la lucha por el control y la influencia en esa organización.

Ball lo plantea en su sentido más general con relación a la organización como un todo. En

este sentido, siguiendo la pauta propuesta por Collins (1979), indica que las escuelas

contienen elementos de los tres tipos de organización, o sea, son organizaciones

jerárquicas (como una empresa comercial), son controladas por sus miembros (como un

sindicato), y son comunidades profesionales. El control no se ejerce siempre del mismo

modo, sino que hay una diversidad de controles, considerando las escuelas como un lugar

intermedio entre las organizaciones laborales jerárquicas y las organizaciones controladas

por sus miembros.

Así pues, habría que evitar todo intento de clasificar a la escuela en una única

forma de control, ya que van a ser las políticas mediatizadas por diversos intereses y

valores determinados, por todo tipo de luchas y presiones, las que concretarán la

estructura de control en cada momento. En la investigación señalada (Bernal, 1997) se

aprecia claramente cómo distintos centros, condicionados por el mismo sistema de

dirección y gestión, desarrollan diferentes sistemas de control, determinado por las

diferentes situaciones y procesos que se han generado en cada centro. Como señalaba en

las conclusiones de la misma investigación “las opiniones que encontramos, las

realidades que podemos observar, las distintas respuestas que van surgiendo, siempre

responden a un contexto determinado, a unas circunstancias que determinan las

respuestas, a una historia y a un marco de relaciones sociales que condicionan

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dragon

dragon dijo

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Un saludo

29 Mayo 2007 | 01:35 PM

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Hola, me llamo Amparo Cala López y soy una estudiante de la Universidad de Sevilla, concretamente estudio en la Facultad de Ciencias de la Educación cursando el tercer curso de la Licenciatura de Pedagogía. El fin de este blog es almacenar todo lo que he ido haciendo duerante el curso académico 2006/2007 en la asignatura de Organización y Gestión de Centros Educativos.

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