6 DE MARZO DE 2007
LA MICROPOLÍTICA: UN SENTIMIENTO
Si nos acercamos a un centro educativo y observamos lo que sucede en cualquier
momento, como por ejemplo en el descanso de la mañana o a la entrada de las clases, nos
podremos dar cuenta de que los profesores suelen estar hablando del problema de este
alumno o aquel padre, la dificultad para llevar a cabo algún proyecto, la diferente
perspectiva ante un enfoque educativo..., en suma se explicitan los conflictos, los
intereses grupales e individuales, la distribución del poder, la ambigüedad de sus metas....
. Sería el “retrato” de lo que sucede en un centro. Por lo tanto, para comprenderlo se
trataría de analizar, comprender, desentrañar esos intereses, esas ambigüedades, esas
relaciones de poder para acercarnos a la realidad de una organización educativa, para
poder comprenderla realmente. Sin embargo, estamos acostumbrados a ver en la mayoría
de las publicaciones un enfoque racional o sistémico, en el que la estructura de la
organización está totalmente desligada de las personas que la componen o se concreta en
una relación más o menos ordenada de órganos, documentos, recursos o competencias.
Así pues, podemos acercarnos de diferentes maneras para comprender las
organizaciones, en este caso los centros educativos, pero detrás siempre hay un modo de
entender el mundo, una manera de comprender la realidad que nos rodea. Si entendemos
que las personas no pueden desligarse de ningún modo de la estructura en la que están,
ya que son ellas mismas las que dan sentido a esa estructura, si pensamos que las
diferentes situaciones y procesos que se producen en un centro son imprevisibles,
complejos y condicionados por variables como los intereses individuales y grupales o las
relaciones de poder, entonces nos acercamos a una perspectiva micropolítica. Se podría
afirmar que este modo de entender la realidad organizativa es un sentimiento, es una
vivencia que se debe sentir y que representa un modo de acercarnos a la comprensión de
todo lo que sucede en un centro educativo, de ahí el título del artículo. Parte de un
convencimiento y de una interiorización de que una realidad educativa es irrepetible en su
espacio y en su momento. De esta perspectiva vamos a hablar en este artículo,
contextualizándola en las teorías de la organización, especificando su concepto y su
sentido, y recorriendo las principales aportaciones.
La perspectiva micropolítica como modelo político
Como podemos ver en el cuadro I la perspectiva micropolítica se dirige hacia los
aspectos políticos de la organización, bebiendo de los planteamientos sociocríticos. Creo
que el camino para explicar la perspectiva micropolítica no puede basarse en la crítica de
las demás, ya que una teoría no cobra fuerza por sus críticas a otras teorías, o sea en su
exclusión de las demás, sino por su análisis de la realidad y por estructurar un “corpus”
coherente y serio acerca de las organizaciones educativas. Pasemos a ello.
El estudio de las instituciones educativas en clave política cuenta ya con una
considerable tradición, especialmente en el contexto anglosajón, resaltando la
investigación de Baldridge (1971; en Bush, 1989: 57-65) sobre los procesos políticos
propios de la vida departamental en la Universidad de Nueva York, como una de las
pioneras. En éste y en los restantes niveles de enseñanza, el enfoque político ha dado
lugar a un nutrido corpus de investigación, ciertamente diversificado en sus objetos de
estudio y en la dimensión metodológica, que viene a sentar las bases de lo que pretende
ser una teoría política de la escuela, que se integra como plataforma paradigmática en la
Organización Escolar.
2 CUADRO I: PARADIGMAS Y TEORÍAS DE LA ORGANIZACIÓN
Micropolítica / Macropolítica
Este análisis político de las escuelas se ha practicado analizando su vida interna, la
política de puertas hacia adentro, es decir, la llamada micropolítica de los centros
escolares (Malen, 1994), dejando en un segundo plano, aunque no olvidando, el referente
sociopolítico representado por las esferas comunitaria-local, de distrito, regional,
estatal,... o bien, la denominada macropolítica, que significativamente había sido el nivel
de análisis por excelencia de la política educativa hasta la mitad de la década de los 70, en
el influyente ámbito estadounidense (Blase, 1991: 2).
No obstante, existe una renovada y creciente atención de los investigadores a lo
macro, reconociéndole así el potencial explicativo que sin duda tiene para comprender a
fondo la micropolítica escolar (Blase, 1991: 237-238; Willower, 1991: 451) e incluso
habiéndose reclamado abiertamente la integración de ambas dimensiones del análisis
político (Bacharach y Mundell, 1993). Los postulados de la obra de estos autores están
bien presentes en una de las primeras y más divulgadas definiciones del concepto de
micropolítica, formulada por Hoyle (1986), que entendía como micropolítica ese lado
oscuro de la vida organizativa, las estrategias mediante las cuales los individuos y los
grupos en contextos organizativos tratan de utilizar sus recursos de autoridad e
influencia para promover sus intereses.
Jo y Joseph Blase (2002) insisten en la idea de que la mayoría de las perspectivas
en micropolítica reconocen la importancia del nivel macro y su influencia en las escuelas
y en sus procesos internos, y para ello hace referencia a los autores más relevantes en esta
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perpectiva como Bacharad y Mundell, Ball, Blase o Innacone. Me parece muy interesante
su matización al entender, junto a Bacharad y Mundell, que el análisis micropolítico no se
ciñe exclusivamente a un nivel específico de la organización, sino que puede ocurrir en
cualquier nivel de la organización, superando la propuesta de Innaccone que lo ceñía a un
nivel concreto de la organización. Como dicen Bacharad y Mundell (1993), la
micropolítica no se debe definer por su contexto, sino por su naturaleza. La micropolítica
se define por sus propias características de análisis, produciéndose esencialmente en las
relaciones entre los diferentes grupos e individuos, que lógicamente se pueden producir
en cualquier nivel de la organización.
Así pues, el análisis micropolítico va a poner el acento en la dimensión política de
la escuela o de aquel nivel de la organización al que nos refiramos en un momento
determinado, en donde aspectos como el poder, la formación de coaliciones, la toma de
decisiones, el conflicto y la negociación, serán los que determinen su análisis. Como nos
dice Stephen Ball (1989) habrá que considerar a nuestras escuelas como “campos de
lucha”, en los que los conflictos habrá que verlos como algo natural y no como una
patología que haya que evitar o desechar. En otras palabras, desde este enfoque ha
cobrado fuerza la denominación de las organizaciones escolares como “arena política”
con unas reglas del juego complejas y diversas, que Bolman y Deal concretaron en cinco
propuestas: La mayoría de las decisiones importantes en las organizaciones conlleva
distribución de recursos escasos. Las organizaciones son coaliciones compuestas de
individuos y de grupos de intereses. Tanto los individuos como los grupos de intereses
difieren en sus valoraciones, preferencias, creencias, informaciones y percepciones de la
realidad. Recuerdo las características de la escuela indicadas anteriormente. Las
decisiones que se toman en las organizaciones emergen de procesos de negociación,
pactos y luchas. Tanto el poder como el conflicto son características centrales en la vida
de cualquier organización, ya que los recursos son escasos y las diferencias lógicas.
Pero hagamos un breve recorrido por autores que han representado el inicio y
fortalecimiento de este enfoque en el ámbito de las organizaciones escolares, a través de
los cuáles apreciaremos las aportaciones más importantes a este enfoque y la concreción
de su concepto.
Desde L. Iannacone hasta Stephen Ball
Autores como Hoyle (1986) y Ball (1989) en Gran Bretaña, Blase (1991),
Iannaconne (1991), Marshall y Scribner (1991), Willower (1991), Bacharad y Mundell
(1993) o Malen (1995) en Estados Unidos, o Townsend (1990) con su conocido debate
con S. Ball en Canadá, han sido algunos de los principales defensores y difusores de la
teoría micropolítica. En España podemos referirnos a autores como M.A. Santos Guerra
(1994), T. González (1998, 2003), T. Bardisa (1997) o X. Jares (1996) como algunos de
los que han publicado interesantes artículos en o con este enfoque.
Podemos empezar citando al estodounidense Iannaccone quien acuñó la expresión
micropolítica de la educación en una obra publicada en 1975 bajo el sugerente título
Education policy systems: A study guide for educational administrators, después de
analizar las interacciones entre administradores, profesores y estudiantes en las escuelas
de California a principios de los años 70. Otros dos reconocidos teóricos estadounidenses,
Marshall y Scribner (1991), destacan la inicial aportación de Iannaccone al establecer
como su objeto de estudio la política que tiene lugar dentro y alrededor de las escuelas,
además de su atención a los conflictos acerca de la autoridad de los profesionales
expertos, la autonomía de los profesores, la elección de los padres y los estudiantes,...
todos ellos problemas pendientes y crónicos, reconociendo que su análisis debe plantearse
en torno a tres términos clave: “Relaciones de poder, conflicto y procesos políticos”
(1991, 349), por considerar que son los conceptos básicos en toda tesitura política tanto si
es macro como micro. Vemos que de forma continuada surgen conceptos ya clásicos en
este enfoque como conflicto, poder, coaliciones, presiones políticas, etc..., en suma queda
plasmada la consideración de la escuela como construcción social, que, como afirma
acertadamente el profesor Soler (1999), tiene en el discurso del poder su hilo de Ariadna,
hilado con las hebras de los procesos políticos micro y macro.
Otra de las aportaciones iniciales dignas de resaltar es la de Hoyle (1986) que
incide en el “lado oscuro de la organización” como todo aquello que Ball comenta que no
sabemos y que es lo que realmente es determinante en su funcionamiento. Cuando
hablamos de camarillas, chismorreos, intereses ocultos,... nos referimos al lado oscuro e
informal de la vida organizativa. Para entender esas organizaciones Hoyle nos dice que
nos deberíamos fijar en ese “lado oscuro” más que en las estructuras formales de poder.
Podemos recordar a modo de curiosidad cómo una de las primeras publicaciones con este
enfoque en nuestro país recogió este título “El lado oculto de la Organización Escolar”.
Por otra parte, Bacharad y Lawler (1993) destacaron unos ámbitos considerados
clásicos en esta perspectiva como son el papel del diálogo, el debate y la formación de
coaliciones. Es muy interesante su percepción del concepto de poder (Bacharad y Lawler,
1980), pero una de sus aportaciones más importantes ha sido su consideración de “lógicas
de acción” como aquellos intereses que entran en juego en la dinámica de cualquier
organización.
Siguiendo con este recorrido, y desde una perspectiva sociológica, podemos
destacar también a Willower (1991) que intenta trabajar sobre todo el contexto para
explorar esos temas ya clásicos del enfoque micropolítico, como el poder, control,
ideologías, intereses, conflicto, coaliciones y negociación, proponiendo en tal sentido que
se parta de los intereses del profesorado en tres facetas determinadas: la autonomía, el
orden y el tiempo. Malen (1995) en su revisión sobre el estado de la micropolítica insiste
en el debate acerca de la política en su ámbito macro y micro, afirmando que es una
cuestión aún sin resolver. Destaca que la micropolítica se ha preocupado especialmente de
lo que ocurre dentro de las organizaciones, dejando un poco de lado la interaccción de las
organizaciones con su contexto (Mawhinney, 1999), siendo que el impacto de los factores
externos a la escuela tienen una influencia determinante en lo que pasa en ellas.
No podemos dejar de mencionar a un autor que es considerado uno de los
investigadores más importantes en este campo, como es Blase (1991). Su breve pero bien
documentada revisión sobre los modelos políticos de las organizaciones y, en especial, de
la que denomina perspectiva micropolítica en educación, desemboca en una definición
operativa formulada del siguiente modo: “La micropolítica se refiere al uso del poder
formal e informal tanto por los individuos como por los grupos patra conseguir sus
propios objetivos y finalidades en una organización” (Blase, 1991: 11).
Llegamos, finalmente, en este breve recorrido por algunos autores que nos ofrecen
una perspectiva concreta y clara del enfoque micropolítico, a Stephen Ball, al que
destaco como el autor que con su obra “la micropolítica de la escuela” influyó más en el
ámbito científico español. El propio Everhart (1991: 455), comenta que el enfoque de Ball
sobre la micropolítica de la escuela es quizá la explicación más claramente desarrollada
de este concepto. Yo mismo debo afirmar que soy deudor del tiempo que he trabajado con
Stephen Ball y de nuestras largas conversaciones.
Pero volvamos al análisis del enfoque. Ball (1989) señala que el futuro del análisis
organizativo de las escuelas está en el ámbito de lo que no sabemos sobre ellas. Su visión
de la escuela resalta, básicamente, la naturaleza conflictiva de la misma: "Considero las
escuelas, al igual que prácticamente todas las otras organizaciones sociales, “campos de
lucha”, divididas por conflictos en curso o potenciales entre sus miembros, pobremente
coordinadas e ideológicamente diversas. Juzgo esencial, si queremos comprender la
naturaleza de las escuelas como organizaciones, lograr una comprensión de tales
conflictos" (Ball, 1989: 35).
5 Presupuestos del enfoque micropolítico
Una vez llegados a Stephen Ball, paso a desbrozar lo que serían los presupuestos
del enfoque micropolítico, partiendo de los propios planteamientos del autor que van a
servir de referencia para su desarrollo. Por ello, concretaré en cuatro los presupuestos que
nos sirven para comprender, analizar y describir nuestras organizaciones educativas: la
diversidad de intereses, el modo de control, la diversidad ideológica, y los conflictos y
el poder. Estos serían los cuatro referentes claves para analizar nuestros centros y tratar
en comprenderlos. El dividir la realidad en cuatro ámbitos no quiere decir que funcionen
de forma independiente, es más, es imposible señalar la frontera entre uno y otro, y la
interrelación entre ellos es total. No se podría entender uno sin analizar los demás. Un
ejemplo lo tenemos en la investigación (Bernal, 1997) que llevé a cabo sobre los equipos
directivos en los centros públicos, en la que quedó claro que ninguna variable de análisis
que iba surgiendo se podía comprender sin tener en cuenta todas las demás y su propio
contexto.
Entremos, pues, en el análisis de cada uno de estos cuatro presupuestos.
a) Modo de control: las reglas del juego
La estructura organizativa de un centro no es la concreción de un modelo neutro y
racional, sino el resultado de la lucha por el control y la influencia en esa organización.
Ball lo plantea en su sentido más general con relación a la organización como un todo. En
este sentido, siguiendo la pauta propuesta por Collins (1979), indica que las escuelas
contienen elementos de los tres tipos de organización, o sea, son organizaciones
jerárquicas (como una empresa comercial), son controladas por sus miembros (como un
sindicato), y son comunidades profesionales. El control no se ejerce siempre del mismo
modo, sino que hay una diversidad de controles, considerando las escuelas como un lugar
intermedio entre las organizaciones laborales jerárquicas y las organizaciones controladas
por sus miembros.
Así pues, habría que evitar todo intento de clasificar a la escuela en una única
forma de control, ya que van a ser las políticas mediatizadas por diversos intereses y
valores determinados, por todo tipo de luchas y presiones, las que concretarán la
estructura de control en cada momento. En la investigación señalada (Bernal, 1997) se
aprecia claramente cómo distintos centros, condicionados por el mismo sistema de
dirección y gestión, desarrollan diferentes sistemas de control, determinado por las
diferentes situaciones y procesos que se han generado en cada centro. Como señalaba en
las conclusiones de la misma investigación “las opiniones que encontramos, las
realidades que podemos observar, las distintas respuestas que van surgiendo, siempre
responden a un contexto determinado, a unas circunstancias que determinan las
respuestas, a una historia y a un marco de relaciones sociales que condicionan
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dragon dijo
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Un saludo
29 Mayo 2007 | 01:35 PM